Estos días, la urgencia ha sido la jungla. Hablamos hace unos días de si la gripe era la única causante del caos en la urgencia. Esto ha provocado que las salas de espera estén abarrotadas y pasen dos horas desde que los pacientes estén admitidos en el sistema hasta que les vea el médico.

Esto lógicamente ha provocado todo tipo de reacciones: desde pacientes quejándose de forma amable de lo mal que estaba el servicio hasta reacciones desproporcionadas, como el insultar a compañeros míos y llamándonos vagos y maleantes; y cuando llevas diecisiete horas trabajando, que te llamen vago y maleante no es algo que te haga especial ilusión.

Pero no sólo hablo de lo que pasa en la urgencia, también hablo del centro de salud. Muchas veces los pacientes entran exigiendo ver a un especialista o exigiendo un tratamiento que, o no podemos prescribir o no está indicado, y se enfadan. Y a veces llegan al insulto o incluso a la agresión física.

El respeto a las personas en nuestra sociedad está infravalorado; la educación, los buenos modales, las formas en decir las cosas, ya no parecen importantes. Cuando los pacientes acuden a nuestra consulta parece que tenemos solucionar todos los problemas del paciente de la forma en la que él quiera y de forma inmediata; no importa la opinión o la valoración del facultativo, importa lo que quiera el paciente.

Esta semana hice un curso de comunicación en la que nos enseñaban a saber cómo actuar en situaciones difíciles; no sólo a la hora de dar malas noticias, sino también a comportamientos agresivos de los pacientes. La persona que dirigía el curso nos preguntó si habíamos tenido una situación complicada. Varios comentamos qué nos había pasado, pero una me llamó más la atención. A una compañera mía le había sacado una navaja por negarse a darle unas pastillas a un paciente. ¿Hasta dónde vamos a llegar?.

Es cierto que parte de esa falta de educación, que esa agresividad que muestran los pacientes es culpa de nosotros, de los profesionales sanitarios. Nuestra forma de contestar, nuestra forma de ser con algunos pacientes puede provocar eso. De hecho, el paciente nos percibe como una amenaza, y no me extraña. Raras veces va uno al médico porque no le pasa nada. Somos portadores de posibles malas noticias, de actitudes que provocan que el paciente se sienta completamente indefenso. ¿Cómo os sentiríais vosotros si dos personas os empiezan a hablar en chino sobre ti? Pues es eso lo que sienten los pacientes.

La solución no es fácil. La solución pasa por educar a todos, tanto a pacientes como a profesionales, en respeto. En respeto por el trabajo que hacen los profesionales, y en el respeto por la situación que atraviesan los pacientes.

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