Hace unos días leía este artículo  de Pedro Soriano hablando sobre la motivación. Su título lo dice todo: “La motivación: ¿la poción mágica de la salud?” En él se hablan de que la motivación es igual a la felicidad, que nunca debemos ser inconformistas con lo que tenemos y hemos hecho, que debemos llegar a más. Este post motivó la aparición de millones de comentarios en redes sociales, con el hastahg #motivaensalud. Muchos de estos comentarios y conclusiones están recogidos en este post colaborativo de Enfermera de Vocación.

¿Es cierto que los sanitarios estamos desmotivados? La respuesta es clara: sí. Muchas veces esta desmotivación puede ser debida a causas nuestras, de las propias personas que trabajamos en la sanidad; otras veces por culpa de factores externos. Un ejemplo que me impactó bastante sobre esta desmotivación es una enfermera de mi centro de salud que amaba ir a los colegios y explicarles a los adolescentes las prácticas sexuales seguras y qué deben hacer para evitar ITS o embarazos. Le pregunté por qué hablaba en pasado, por qué ya no lo hacía. Su respuesta me dejó helado: he perdido las ganas. No me ayudan desde el centro para poder prepararme estas charlas, me tengo que buscar yo la vida para encontrar materiales y, encima, si voy, los pacientes que no atiendo los tengo que atender yo, porque mis compañeros están saturados y no me pueden echar una mano. ¿Merece la pena? No, de ninguna manera.

El espíritu existe. Creo, y lo digo con orgullo, que las personas que trabajamos en sanidad tenemos unas ganas de colaborar en proyectos, estudiar y hacer cosas que es difícilmente comparable al de otras profesiones. Tal vez porque nos lo inculcan desde nuestros primeros años de formación con las ganas de investigar, el método científico, etc… Entonces, ¿por qué estos profesionales están desmotivados? Las condiciones de trabajo influyen, y mucho, a la hora de esta desmotivación. Las pocas ayudas que hay y algunas condiciones precarias de empleo favorecen que el personal sanitario se queme, se desmotive.

¿Qué podemos hacer frente a esto? Existen muchas técnicas de afrontamiento de estrés y de evitar el burnout. Para mí hay una que es clave: acoger a estudiantes. Los estudiantes, tanto de medicina como de enfermería, dan un aire nuevo a una consulta. Tienen ganas de aprender, de que tú les enseñes; y esas ganas que tienen de aprender, no sé a vosotros, a mí me contagia. Ese entusiasmo que tienen mientras estoy explorando un paciente, buscando signos patológicos en la exploración, el que te pregunten por qué no puede ser esto, es mi gasolina, es una motivación. Incluso pacientes curiosos que me preguntan sin parar. Esa es mi gasolina, esa es mi motivación. Volvemos nuevamente a un concepto que he repetido varias veces: un médico, un profesional sanitario, no tiene que ser simplemente una persona que cure enfermedades; debe enseñar salud.

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