La alerta y el terror se han desatado. Ha pasado la navidad, ese tiempo de felicidad, paz y armonía que suele rodear a esta época y llega la cruda realidad: un invierno por delante. Para la mayoría de las personas esta época del año es la más dura: suben los precios, los días son muy cortos, hace frío… Por eso lo llaman la cuesta de enero vamos.

Este año se ha producido un fenómeno que se produce habitualmente en nuestro país: llega la temporada de gripe. Se ha adelantado dos semanas, pero finalmente ha llegado. Y con ella, llega el caos.

No es raro ver estos días las urgencias de los hospitales colapsadas, enfermos en los pasillos esperando horas a ser atendidos o incluso días para poder ser ingresados, etc… Es un fenómeno que se repite cada año y parece ser que no aprendemos, ni pacientes ni profesionales. ¿Cómo algo tan “banal” como es la gripe hace tanto daño a nuestro sistema sanitario?

En primer lugar creo que es por el propio virus. He escrito anteriomente que la gripe es un proceso banal; lo es para la mayoría de nosotros, pero es cierto que hay un grupo de personas en la que esta enfermedad no es tan banal, como los pacientes con Enfermedad Pulmonar Crónica Obstructiva, adultos mayores de 65 años, personas en residencias, etc. En la página web de la CDC podéis ver cuáles son los grupos de riesgo de la gripe.

Lo siguiente que creo que hace que se colapsen hospitales y centros de salud son por la poca educación sanitaria que ofrecemos a los pacientes. ¿Sabemos diferenciar una gripe de un resfriado común? ¿El tener 38ºC es motivo para ir a la urgencia? ¿Tengo que tomar antibióticos si tengo gripe? Son preguntas muy frecuentes en esta época del año, y muy pocos saben responder adecuadamente. Querido paciente, intentaré responderte a estas tres preguntas de una forma sencilla y rápida:

  1. Los resfriados comunes, al igual que la gripe, son infecciones provocadas por virus. Para distinguir estas dos enfermedades, la aparición de diversos síntomas pueden ayudarte a diferenciar un resfriado común de una gripe; si tienes aumento de la mucosidad, dolor de garganta y estornudos, estás ante un catarro. Y si además has tenido uno y has vuelto a coger otro, no tienes por qué alarmarte; las personas podemos pasar varios episodios de resfriados comunes en una misma temporada. Si quieres saber cómo distinguir más síntomas, te remito a esta entrada de Médico Internista de la Dra. Olga Araujo.
  2. Tanto los resfriados comunes como la gripe pueden ocasionar fiebre alta. Pero debemos analizar la aparición de esta fiebre en todo el contexto: primero debes diferenciar si tienes un resfriado o una gripe. Si lo que tienes es un resfriado, no acudas a la urgencia. Si tienes síntomas gripales tienes que ver si perteneces a algún grupo de riesgo; si no perteneces a ninguno de ellos, lo mejor que puedes hacer es no ir a la urgencia. Si no vas a la urgencia, liberarás la carga de trabajo de los profesionales que trabajan en ella, pudiendo atender a las personas que sí estén incluidos en los grupos de riesgo.
  3. El tratamiento de la gripe y el de los resfriados comunes es el mismo. Son enfermedades provocadas por virus, por lo que el uso de antibióticos no está indicado. El tratamiento que se pauta suele ser paracetamol e ibuprofeno, controlando así los síntomas de la enfermedad. Pero doctor, es que llevo cinco días y no noto mejoría. No te preocupes; el tiempo medio en desaparecer estas enfermedades son de siete a diez días. Tu cuerpo, si no tienes ninguna enfermedad de base, se encargará de eliminar el virus. Simplemente pautamos este tratamiento para mejorar un poco los síntomas.

Estas pautas básicas sobre cómo aprender a diferenciar una gripe de un resfriado común pueden ayudar a no sobrecargar tanto los servicios de urgencias. Muchas veces hacemos un mal uso de los servicios sanitarios porque no somos capaces de dar a la población una buena educación sanitaria. Es cierto que si se diera más recursos a la urgencia mediante una mayor contratación de personal o de material, se agilizaría la atención; pero no debemos echarle toda la culpa al dinero. Una buena educación sanitaria podría evitar estas sobrecargas y colapsos; debemos de abandonar la idea de ser simples “curadores” de enfermedades.

Debemos ser educadores en salud.  

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