Vivimos en un mundo donde lo digital y tecnológico van cobrando cada vez más importancia. El desarrollo de mundos digitales y virtuales tan similares al mundo real ha provocado una gran revolución en la forma de aprender y de hacer las cosas. Los ingenieros y pilotos pueden simular sus proyectos o correr en un circuito gracias al desarrollo de esta tecnología.

En salud vamos un poco por detrás de estos campos, pero ya se están empezando a ver progresos. Cada vez es mayor la implantación de programas y procesos de aprendizaje basados en realidad virtual, sobre todo en intervenciones quirúrgicas, de tal forma que el cirujano, antes de operar en un paciente real, puede operar en un paciente virtual.

Aunque pensemos que esta tecnología es cara- que lo es- y es muy futurista, no es tanto como parece. Estas navidades había millones de anuncios sobre las nuevas gafas de realidad virtual. Es cierto que eran caras, pero ya están en el mercado, es decir, que los usuarios de a pie pueden acceder a esta tecnología, no solo grandes empresas de tecnología o desarrolladores; esta tecnología empieza a estar en la calle. Debemos aprovechar esta oportunidad; ¿no podrían universidades, laboratorios o sociedades crear un proyecto de realidad virtual para el aprendizaje de la medicina? El aprendizaje basado en la experiencia es mucho más eficiente que el basado en la memoria.

Si consiguiéramos y desarrollásemos este tipo de programas, el estudio de la medicina seria más intuitivo, basándose en experiencias, virtuales sí, pero al fin y al cabo, experiencias. Donde más he aprendido en la carrera han sido en las prácticas y, donde más estoy aprendiendo en la residencia es cuando estoy solo en consulta. ¿Os imagináis un estudio de la anatomía humana o la fisiología basándonos en la experiencia de una realidad virtual?

Mola. Y mucho

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