Os voy a poner un ejemplo real. Una persona conocida de 72 años con antecedentes de diabetes y prostatismo grande, empieza con dolor abdominal localizado en el epigastrio e hipocondrio derecho (la zona del estomago y del hígado). Tiene un poco de fiebre, no naúseas ni vómitos, y leve tinte ictérico (está amarillo). En la exploración no se palpan ni masas ni megalias, simplemente se observa un Murphy +, un dato característico de patología de la vía biliar. En la analítica se comprueba ese patrón de colestasis que sospechábamos en la exploración. Por tanto, se decide ingreso del paciente y tratamiento con antibioterapia.

¿Y para qué os cuento esto? Por lo siguiente. Ya ingresado se vuelve a rehistoriar al paciente. Se le pregunta acerca de su medicación. Además de su tratamiento para la diabetes y la próstata, el paciente comenta que toma una pastilla para orinar. Se le pregunta por esta pastilla, quien se la recetado.. El paciente dice que la escuchó por la radio, en un espacio de medicina natural.

Podríamos haber puesto cara de terror. Pero, por desgracia, estamos acostumbrado a ello.

Antes de empezar definamos un poco de lo que estamos hablando. ¿Qué es la homeopatía? Según la sociedad española de homeopatía, es un método terapéutico que utiliza medicamentos homeopáticos para restablecer la salud del paciente. Estos medicamentos se seleccionan de forma individual para el enfermo en función de la ley de similitud, enunciada por el Dr. Samuel Hahnemann. La ley de similitud o ley de los semejantes dice que una sustancia capaz de producir una serie de síntomas en una persona sana es también capaz de curar síntomas semejantes en una persona enferma, administrando esa sustancia en dosis mínimas. Los medicamentos homeopáticos están indicados para tratar cualquier enfermedad ya sea aguda o crónica, en cualquier época de la vida, y pueden utilizarse como tratamiento exclusivo o puede darse junto con otras terapias.

Definido una vez de lo que estamos hablando, volvamos a nuestro paciente. Buscamos los componentes de esta sustancia tan buena para la próstata. La buscamos en una página de venta de sustancias homeopáticas, es decir, mas oficial imposible. Tenia como 6-7 componentes, uno de ellos ricos en ácidos grasos. Es decir, lo ideal para nuestro paciente.

Este tipo de práctica debería de estar prohibida. Y creo que debe ser así por dos motivos. El primero es porque no está basado en la evidencia. Si estas sustancias funcionaran, no habría ningún problema en recetarlas; yo sería el primero en hacerlo. El problema es que hay muy pocas que se han sometido a estudios científicos válidos que demuestren una eficacia superior a otros fármacos. La segunda razón es cómo se publicitan estas sustancias. Aparecen en la televisión o en la radio sin un control, en forma de anuncio o de programa, en la que se dice que esta sustancia es buena para tal problema. Y ya está. Debemos de tener clara una cosa. Nuestros pacientes son pluripatológicos, es decir, tienen muchisimas enfermedades. Y el introducirles una sustancia que es “beneficiosa” para tal enfermedad puede ser dañina para otra enfermedad, desestabilizando a nuestro paciente.

¿Cuál puede ser la solución? Una: que demuestren su eficacia; dos: que estén recetados por profesionales. Sino se cumplen estas condiciones hay que ser tajantes: debemos prohibir la homeopatía.

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