Situación típica de cualquier día de la semana: la urgencia llena de gente. Y no es un tópico. Lo he vivido en mis propias carnes. He llegado a ver 32 pacientes en una de las secciones de  las urgencias del Hospital Gregorio Marañón a las 3 de la mañana… Sin contar la gente que se encuentra en el área de urgencias de cirugía, ni traumatología, ni a la gente que se encuentra en la observación. 32 personas que acuden al hospital porque les pasa algo, tienen dudas, se encuentran mal…

Es una constante en nuestro sistema. Las urgencias están desbordadas. Existen no sólo una, sino múltiples causas.

Una de ellas es la falta de medios. Es cierto que en los últimos años los recortes en sanidad han sido abusivos, provocando que la calidad asistencial que ofrecemos haya empeorado notablemente. Muchos de los pacientes que están en la urgencia están allí porque, simplemente, no hay una cama para ellos. Son pacientes ingresados que no tienen un hueco físico en la planta en la que lo están y permanecen a la espera en la urgencia, ocupando aquí un sitio físico y ocasionando un “tapón”, es decir, un hueco donde podría estar otro paciente atendido. Además, que el paciente ingresado se localice en la urgencia trastorna también la planta, ya que los médicos a cargo de este paciente tienen que desplazarse a la urgencia y pierden tiempo, ocasionándose así una demora en la planta… Como veis es un círculo vicioso.

Otra de las posibles causas de esta saturación en la urgencia es la reducción de personal. No sólo hablo de médicos y enfermeros, hablo de todo tipo de personal. Un hospital, sobre todo los grandes, funciona gracias al trabajo de muchos: desde los profesionales sanitarios hasta celadores que se encargan de llevar a los pacientes de una sección a otra; informáticos que trabajan para que no haya problemas en los ordenadores; el personal de información que informa a los familiares de dónde están los pacientes, etc… Es decir, un hospital es un ente muy complejo que, si falla una pieza, falla todo. Por tanto, la falta de personal se debe de notar. Los pacientes tardan más en ir desde la urgencia hasta el lugar donde se encuentran las pruebas de imagen, existen menos médicos y enfermeros que trabajen para tratarlos… Y muchos de estos médicos y enfermeros son residentes como yo, es decir, tenemos la capacidad de ejercer nuestra profesión, pero seguimos aprendiendo.

Estos temas no los podemos solucionar nosotros, simplemente porque las soluciones no dependen de nosotros; dependen de organismos direccionales, como pueden ser políticos o gestores de los hospitales. ¿Hay algo que podamos hacer para evitar esta sobremasificación de la urgencia?

Claro que sí. Siempre hay algo que podamos hacer.

En el último post hablaba de que debemos enseñar a nuestros pacientes. Acerca de cuando hay que ir a la urgencia podría ser uno de los temas que podemos enseñar a nuestros pacientes. Saber distinguir qué es urgente.

La definición de qué es una urgencia, dada por el sistema de salud de La Rioja  es la siguiente: “Una urgencia se presenta en aquellas situaciones en las que se precisa atención inmediata”. No debemos de confundirla con una emergencia que es “una situación crítica de peligro evidente para la vida del paciente y que requiere una actuación inmediata”.

Muy bien. Pero, ¿qué signos o síntomas son urgentes?

La web Medline nos habla de varios signos, como la asfixia, un dolor intenso en el pecho, convulsiones, quemaduras graves, etc. Es decir, si se tiene algún síntoma así se debería de acudir a urgencias hospitalarias.

Sin embargo hay un paso que parece ser que siempre se nos olvida. La Atención Primaria, es decir su centro de salud, también dispone de un médico que está de urgencias para atender, como su propio nombre indica, urgencias. Obviamente en un centro de salud los recursos son infinitamente más limitados que en un servicio de urgencias hospitalario. Pero la atención médica es la misma. Un médico en su centro de salud puede controlar alguna de las urgencias que nos viene, como por ejemplo una crisis de ansiedad, una gastroenteritis en un paciente previamente sano, un catarro… Y derivar lo que no es manejable desde un centro de salud. De esta forma, liberaríamos a los servicios de urgencia hospitalaria de pacientes que podemos controlar desde nuestro centro de salud, haciendo que los pacientes realmente malos o que no se pueden controlar tengan una atención lo más rápidamente posible en el hospital.

Otra vez la educación es clave. No solo para hacer que nuestros pacientes tengan y gocen de buena salud, sino para la utilización de los servicios sanitarios.

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